Escucha el mar
Estremecerse desde su vientre inmenso
con todos los vientos del norte.
Ofreciendo a los acantilados negros
la interminable pereza
de sus besos.
Escucha el mar
Gemir con su espuma blanca
sobre las rocas.
Acabándose en una marea ascendente
como un rito pagano
de cuerpos abandonados.
ANA R.
Estremecerse desde su vientre inmenso
con todos los vientos del norte.
Ofreciendo a los acantilados negros
la interminable pereza
de sus besos.
Escucha el mar
Gemir con su espuma blanca
sobre las rocas.
Acabándose en una marea ascendente
como un rito pagano
de cuerpos abandonados.
ANA R.


